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LO HE PENSADO MUCHAS VECES OTRA VES
Lugar: Galería Tajamar; Santiago
Materiales: El volumen se construye con  aproximadamente 240 figuras inflables, madera, yeso, ropa, arma, aire y fantasía.
Medida: Dimensiones variables.
Año:
2012

 

Este proyecto es la concatenación de la exhibición realizada en el 2011 en Galería 713, Arte Contemporáneo, Buenos Aires, Argentina.

Lo he pensado muchas veces propone un juego entre la realidad y la ficción, entre el bien y el antihéroe, entre la imaginación y el incomodo limite de la realidad.

Es necesario pensar en la desmaterialización de las cosas, y como esa desaparición da  paso a  la realidad para comprender la parodia de las políticas de representación.  

Lo he pensado muchas veces es un proyecto que tiene su génesis en el imaginario de la ciudad y del espacio de esparcimiento, del juego y del sonido de los niños. Tiene que ver  con el tiempo perdido y con el tiempo encontrado…

Lo he pensado muchas veces esta compuesto por un gran volumen que se desarrolla dentro de la sala a partir de la representación de una figura  humana que se transforma en objeto lúdico y fantasioso, apelando a la imaginería del Cartoon y a las realidades paralelas que este produce, ya sea desde la construcción lúdica o de la relación perversa y torcida que ocasionalmente  la realidad nos propone.

El volumen se construye con  aproximadamente 240 figuras inflables, madera, yeso, ropa, arma, aire y fantasía.

Dimensiones variables.

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A propósito de la muestra “Lo he pensado muchas veces (otra vez)” de Cristián Salineros.

Lo he pensado dos veces

El edificio en el que vivo es habitado a su vez por muchísima gente. Son  120 departamentos  repartidos en 21 pisos, calculo que debemos ser unas 240 personas. Cada uno de mis vecinos tiene la capacidad de hacerme deducir imaginativamente (probablemente de manera muy poco precisa) las maneras de su intimidad: la forma en la que decoran los espacios que habitan (que por lo demás son proporcionalmente equivalentes al propio espacio que yo mismo habito), sus costumbres, sus rutinas, sus gustos, en fin, las cualidades de sus subjetividades individuales. De todos mis vecinos y los correlatos que sus cuerpos me evocan, solo de uno sospecho cosas terribles. La fantasía que no puedo evitar retratar en mi cabeza cada vez que lo veo es sórdida. Imagino su intimidad como la de un psicópata. Veo sus habitaciones como espacios oscuros con paredes amarillentas, estantes llenos de libros viejos, recortes de diarios tapizando los muros, objetos perversos. A veces me descubro a mi mismo asumiendo que solo es cuestión de tiempo, que cualquier día van a descubrir un cadáver con el que convive o sus manuscritos apocalípticos y sus planes de dominación del mundo. Lo que compone mi sospecha es la presunción de una anomalía, o de un posible atentado a, lo que para mí constituye una saludable noción de lo que es normal. En un contexto de realidad, la sospecha incomoda, no así en relación al arte. El arte es, de alguna forma, un campo en donde la sospecha está domesticada y trabaja en función de la inquietud y por tanto propicia la reflexión.

Con ocasión de “Lo he Pensado Muchas Veces (Otra Vez)” de Cristián Salineros, lo que nos encontraremos en Galería Tajamar, es un personaje del que lo único que podemos ver, por debajo de una nube de muñecos inflables, son sus piernas y una mano que se asoma empuñando una pistola. Este personaje que ya se había alojado en la galería 713 Arte Contemporáneo de la ciudad de Buenos Aires ahora está armado. En esa oportunidad también escribí un texto apropósito de esta escultura, solo que ahora los relatos fantasiosos que me despierta son opuestos. Si antes todo fue alegría, ahora el personaje me hace deducir situaciones de perturbación y una violencia inminente. Su pistola termina por configurarme a un sujeto desesperado y desesperanzado aun teniendo su torso sumergido en la colorida nube. Debo confesar que he disfrutado mucho de la situación particular de espectador en la que Salineros me pone respecto de esta pieza en particular apropósito  de los textos que me ha encargado. Yo no sé muy bien que es lo que opina él, pero desde mi posición, he visto dos momentos en la historia de este personaje que se mueve lento y los leo como viñetas en un comic. El relato de un hombre (aparentemente) feliz que ahora saca una pistola.

Quedo expectante a que me llame nuevamente para que me cuente del tercer gesto de este personaje que aún no descifro pero del que sospecho. Sospecho de él algo muy similar a lo que presumo de mi vecino y curiosamente siento que el desarrollo de ambas historias quedan hoy indisolublemente vinculadas. Probablemente sean la misma persona.

Javier González Pesce

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